Tras pasarnos media mañana durmiendo, Miguel y Ander fueron a Slottsskogen (el parque más grande que todo Donosti, 137 hectáreas) mientras Víctor y yo fuimos al centro. Ni que decir tiene que para cuando llegamos allí a las 6, estaba absolutamente todo cerrado, con lo que tuvimos que volver. En definitiva, tuve un flash a lo LOST hacia el futuro, y me vi dentro de 60 años como uno de esos ancianos que se dedican a dar vueltas en el autobús para pasar la mañana.
Por la noche, tras degustar uno de mis filetes a euro y medio cada uno, nos decidimos a llamar a Elena, que es los pocos españoles que aún nos hace algo de caso. Afortunadamente nos indicó que como nos temíamos casi nadie iba a ir a la universidad a una fiesta que había, sino que iban a ir a un piso del ghetto a estar un rato y que luego irían para Hogsbogatan.
Lo cierto es que fue un mazazo emocional considerable el ver que prácticamente todo el mundo en el ghetto tiene más facilidades que nosotros, de hecho es raro que nosotros no tengamos tele, porque la mayoría de la gente tiene. Pienso reclamar al SGS que queremos una tele, con suerte nos traen una nuevecita.
En cuanto a la fiesta hay que admitir que ya estaba de capa caída cuando llegamos, y aparte de algunos españoles no nos dio tiempo de conocer a mucha más gente. Mientras Ander y yo socializábamos, Vity se dedicaba a ir de un lado a otro de la casa fumando mientras le seguía el dueño por detrás diciéndole que lo apagara.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


No hay comentarios:
Publicar un comentario