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Miércoles 17: Trapitos en Ikea

Qué duro es no tener nada que hacer en todo el día, a diferencia de Ander y Pey que tenían clase a las 8 de la mañana. Es en momentos así cuando de verdad disfrutas y te levantas a las 11, vas a nadar un poco a la piscina y luego vuelves a casa más o menos a la misma hora que ellos para comer.

Por la tarde, cuando estaba al borde de un ataque de nervios porque empezaba a entreverse otro día entero metidos en el ghetto, convencí a estos para ir definitivamente al Ikea. Creo que somos los únicos erasmus de la historia que van a Suecia y tardan un mes en ir a Ikea.

Por cierto, aprovecho la oportunidad para pedir un Mayday a cualquier psiquiatra que lea esto y que acuda a salvarnos de Pey. Creo que es el único loco capaz de contagiar su locura a los demás. Desafortunadamente la enfermedad ya me ha sido transmitida y cada media hora te sale un: 'voy a matar a Moe, hiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!'. Evidentemente la locura no se queda ahí, sino que sientes la necesidad de destruir material urbano o lo que haya a mano, el problema es evidente cuando estamos en casa metidos....Al principio empezó como un simple: Medicinaregaatan (una de las paradas del tranvía). Lo peor es que Ander ya se esta contagiando de las esporas venenosas que porta el aire y de vez en cuando se le oye una risita aguada desde su habitación hiiiiiiiiii!

Tras unos 40 min de autobús y hacernos los 'suecos' para no pagarlo, llegamos al fin a Ikea. Había oído en clase de economía que tienen sus propios bosques para la madera, pero vamos, que al final resultó ser como un hiper de cosas para casa.

Lo cierto es que me sorprendió cómo lo tienen montado, porque pasé de no pretender comprar nada, a llevarme media tienda a casa ( me compré hasta un cuadro para alegrarme la estancia, era super bonito y no pude resistirme). Afortunadamente ahí estaba Pey para inculparnos un: Capitalista! si nos pasábamos de la raya.

Por enésima vez los suecos me volvieron a demostrar lo maravillosas personas que son. Para pagar hay máquinas que leen el código de barras de las cosas, pero lo divertido es que luego no había sensores ni nada, osea que podías meter cosas en la bolsa sin pasarlas por ahí y no pasaba nada. No penséis mal, pagué mi cuadro, mi almohada decente (porque la almohada ergonómica del Lidell, bueno...digamos que está en manos de mis abogados) y mi Felpudo (según Ander se dice Celpudo).
Lo más entretenido del día fue sin duda ver a Pey cómo se agobiaba el solito con todas sus fobias (a la gente, a nosotros que no parábamos de mirar cosas, a los espacios cerrados, a las grandes superficies y porqué no también al aire) y ver cómo Ander entraba en una especie de subconsciente en el que lo único que repetía una y otra vez era: trapito. (Se cree que buscaba algo con lo que limpiar su ordenador).

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