
Pues sí, con un cabreo del quince, me resigné, me tomé un agua colorada que aquí se atreven a llamar café (eso sí, cuesta 1 €) y me fui a la biblioteca, que era el único sitio donde sé que hay ordenadores. Por suerte, éstos no tardaron en llegar pues su clase acabó antes de tiempo.
Por la tarde sentí remordimientos del plato de 10mil calorías que me acababa de comer de pasta con soja, pollo y carne elaborado por Pey y decidí apuntarme al gimnasio de al lado de casa. Como tiene piscina pensé que sería una buena oportunidad para hacer algo, pues me pilla al lado de casa. Eso sí, lo que yo no sabía era que la piscina no sólo mide 25 metros de largo como mucho, sino que además en un lado cubre 3 metros (hay trampolín y todo) y en el otro 1 metro.
Pero la cosa no acaba ahí, porque encima la mitad de la piscina está invadida por niños con sus castillos hinchables y colchonetas, y no nos engañemos, viniendo de Frölunda seguro que también piojos porque el gorro parece ser una moda pasajera que no acabó de cuajar en el ghetto. El problema es cuando vas al vestuario y te percatas no sólo de la multiculturalidad de la ducha con gente que asegurarías no haber visto en la piscina (sí, tal vez no les llegue para agua caliente, qué se yo!), sino que encima NADIE usa chancletas!!! Desde luego, como dice un amigo mío: Nos llevan años de ventaja.
Por la noche nos aventuramos a salir, a pesar de ser miércoles, por las calles de Göteborg. Acabamos en el sticky fingers, un bar con música en directo en el que no había mucha gente, lo que es lógico siendo un miércoles. No obstante esto es algo que no pareció comprender Victor, quien ante semejante ofensa no se le ocurrió mejor opción que desahogarse en el tranvía de vuelta gritando NAZI a todo rubio que veía.
Por la noche nos aventuramos a salir, a pesar de ser miércoles, por las calles de Göteborg. Acabamos en el sticky fingers, un bar con música en directo en el que no había mucha gente, lo que es lógico siendo un miércoles. No obstante esto es algo que no pareció comprender Victor, quien ante semejante ofensa no se le ocurrió mejor opción que desahogarse en el tranvía de vuelta gritando NAZI a todo rubio que veía.

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