Más tarde Miguel partió hacia Linköping, y nosotros nos quedamos preparando el plan para la noche. Lo que no sabíamos es que el cielo se rompería en mil pedazos. Justo cuando estábamos saliendo de casa para ir a un bar donde estaba la gente, empezó a llover a lo bestia con un viento torrencial.
Lo peor es que al llegar a Chalmers tuvimos que andar varios kilómetros luchando contra el viento y la lluvia de este magnífico país. Además, cuando ya creíamos que habíamos llegado hablamos con Guillem, quien nos dijo que todavía quedaba un buen camino. Menos mal, que cuando ya creíamos que no encontraríamos el sitio, vino Guillem, calándose hasta los huesos durante varios minutos, y nos guió hasta el bar: fue nuestro salvador.
Aquí tenéis una foto de cómo quedó mi paraguas al día siguiente:
Al salir del bar, tras escuchar a Pey como cien veces decir: Estoy enamorado! algunos se fueron hacia Sticky Fingers (como Ander) mientras otros iban a casa (Pey). Yo decidí ir a casa, pero luego me acordé de lo duro que había estudiado y de cuánto me merecía salir de fiesta y decidí ir. Ni que decir tiene que me perdí y sólo conseguí calarme durante casi media hora.
Encima, cuando llegué a la parada, estuve otros tantos minutos hasta darme cuenta de que el tranvía 1 no pasaba por esa parada, por lo que tuve que ir a Brunnsparken a esperar que apareciera el tram. Más tarde, aparecí en Opaltorget; me había dormido. Menos mal que tan solo eran dos paradas hasta casa....

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