Encima, mientras me duchaba sonó el timbre y me salió una sudamericana que me dijo: vas a utilizar tu turno de lavandería porque sino meto yo mi ropa? Y yo: Pues...sí (sólo había pasado media hora de mi turno de más de 3 horas)...En fin, por lo menos pregunta, no como la mora que le robó el turno a Pey.
Tras ver cómo los suecos me ponían a currar como a un chino (al menos no fui el único) casi toda la mañana, me vi obligado a comer en el tranvía porque no tenía tiempo. Menos mal que aunque aparentara ser un mendigo, por lo menos seguían considerándome nórdico y no me miraban del todo mal.
Al final regresé hora y media tarde a la lavandería. Ni que decir tiene que iba aconjonado (me encanta mezclar palabras) ante la vengaza chilena que podía sufrir por no haberle cedido el turno y encima pasarme hora y media. Afortunadamente cuando llegué mi ropa estaba en un carro, pero no faltaba nada ni parecía que nadie hubiera echado lejía por encima a mi ropa. Eso sí, cuando me vió miró para otro lado.
Por la tarde fuimos a clase para empezar con un trabajo que un niño de 4 de primaria es perfectamente capaz de realizar, eso sí, no podía estar peor explicado.
Cuando al fin llegué a casa decidí darme un lujazo: comprar salmón!! Pues sí, casi dos meses enteros sin comer pescado llevaba, exceptuando el rollo que me dieron en el mcdonald's de oslo pensando que era pollo. Entre Ander y yo nos comimos medio kilo de sabrosísimo pescado nórdico, aunque la verdad ya podía estar podrido que seguro que me hubiera sabido a gloria.

Si es que al final todos los vascos somos iguales: no podemos salir de casa sin añorar la sidra y el bakalao.

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