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Viernes 29: Afterwork

Ni que decir tiene que quemarse no es agradable, pero meter la mano en el horno para calentar bollitos de pan congelados cuando el horno está a 250ºC y darte con la resistencia es inhumano. No sólo empezó el horno a echar olor a carne quemada, sino que chillé más que un cerdo en el matadero. Afortunadamente no me pilló la mano de la venda, porque seguramente habría ardido todo el brazo instantáneamente. Tras el quemazo y el chillido que no causó mayor impresión porque a fin de cuentas vivimos en Frölunda, me eché pasta de dientes para que no saliera ampolla.

A la mañana teníamos jornada de inscripción en la Uni, con charlas de bienvenida y demás, pero lo más entretenido fue ver cómo el organismo de Pey se revelaba contra su dueño por no desalojar la vejiga.

Más tarde, al mediodía Ane nos dejaría para irse a trabajar a Madrid. Mientras, Pey y yo aprovechamos para visitar al fin uno de los famosos afterwork. Aunque no encontramos ninguno oriental, por lo menos entramos en una brasería y por 33 sek, unos 3,5 euros, nos tomamos una cerveza y buffet libre de costillas y muslos de pollo y arroz curry. Yo tomé 3 platitos y Pey 4, pero porque se acabó la hora, que sino seguíamos, jeje. Y es que como yo digo en Euskadi un 'come-todo-lo-que-puedas' no saldría nunca rentable.

A la noche regresó Ander con Victor y nos trajeron alguna botellita de Ron de regalo, pero aunque nos habían invitado a una fiesta, decidimos dejarla pasar a sabiendas de que mañana sería el gran desfase.

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