Pey se peleó con el horno para cocinarnos un rico pollo asado, pero el pollo no se rindió tan fácilmente. Pey le insertó una cebolla por el ano, y lo embadurnó con aceite de oliva, pero el pollo resistió el calor del horno a toda potencia durante hora y media sin a penas inmutarse (seguía casi igual de crudo) y lo que es más impactante, no había rastro de la cebolla...
A la noche salimos tras beber mucha cerveza (es lo único que se puede uno permitir estando el ron negrita a 25 €, por cierto, es francés y hay más variedades que el de cocina) a dar una vuelta Pey y yo por el barrio de Järntorget. En un bar que daban pis de yegua e intentaban colarlo por cerveza me acechó una orca vikinga, que más tarde descubriríamos que probablemente era lesbiana.
Pero ahí no acabó la noche, porque al esperar al tranvía entramos en el Burguer King (aquí estas cadenas no cierran a las noches), y apareció sigilosamente la vikinga, quien intentó que la invitara a un menu mientras nosotros nos comíamos unas tristes alitas krone-ahorro; evidentemente fracasó en su intento.

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