Tras levantarnos al mediodía y haber perdido ya la mitad de horas de sol, éstos se dieron cuenta de que había salido la nota de la asignatura que esperaban suspender pero que finalmente han aprobado todos. Ya os iré contando yo que la suerte que tenga.
Después de comer Ander y Miguel se fueron a clase y yo me quedé jugando al Half life 2. La verdad es que pensaba aprovechar para ir a Lindholmen a ver qué tal estaba, pero gracias a mi capacidad temporal se me hizo tarde (debí de pegarme en algún lado del coco cuando era bebé), y al final llegué al centro cuando ya era casi de noche y éstos ya estaban de vuelta.
Por lo menos aprovechamos para ir al gimnasio, bueno yo más bien a la piscina que hacía una semana que no iba. Lo mejor es que me he dado cuenta de que con el frío a los suecos les apetece mucho menos ir a darse un bañito, y la verdad es que lo entiendo perfectamente porque cuando sales es como caer desde un quinto sobre una tabla de faquir.

Más tarde para cenar decidí intentar hacer una de las comidas más caseras de mi familia que se ha transmitido de generación en generación, y según se dice perdiendo cada vez más cualidades. Hasta que me llegó a mí el turno y exterminé la receta. Bueno, haber, no estaba mal, pero nada que ver con cómo se supone que tenía que quedarme. Al final sabía más a albóndigas en salsa de almejas.


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