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Domingo 7: Liseberg

Por fin el domingo, tras rogarles a Pey y Ander y tras varias intentonas fuimos a Liseberg. Miguel ya había ido y nos lo recomendó. Eso sí, antes de ir me comí un plato enorme de pasta bolognesa con el tomate que me había hecho, y la verdad es que como la comida casera no hay nada. Todavía creo que no he probado nunca una cosa congelada que esté mejor que una fresca. Excepto en Francia: allí alguna vez he encontrado cosas decentes.

El caso es que como iba diciendo conseguí que fuéramos a Liseberg. Era como un pequeño parque temático navideño lleno de luces navideñas y puestos para jugar o comprar cosas. También había una pista de patinaje sobre hielo, supongo que no les saldrá caro el mantenimiento. Incluso nos encontramos a una banda que cantaba villancicos, algunos incluso en castellano: Fe-lís Navidá, próspero annyo y felisidá!
Me llamó particularmente la atención que estaba el mítico juego de los camellos: camellitos de carreras, carreritas de camellos; pero lo impactante no era eso, no. Lo realmente chocante es que para los suecos lo importante es participar y si ganas pues bien por tí, ya que no te dan ningún premio, sólo instantáneo reconocimiento. Todavía estoy perplejo, como diría Obelix:
El caso es que tras ver muchas luces, que por cierto: son leds, puestos por todos lados incluso por cada ramita de cada árbol, decidimos sentarnos a tomar un chocolate caliente. Los de la mesa de al lado fliparían con este vídeo. Por si no os queda claro estábamos viendo cúanto humo expulsábamos con el frío.

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